COLUMNAS DE OPINIÓN

Ahorro para el Largo Plazo y el Retiro

Valentín Carríl

Chief Economist and Asset Allocation Head for Latin America, Principal Financial Group

Ahorro para el Largo Plazo y el Retiro

El ahorro para el largo plazo y el retiro se diferencia de manera relevante del ahorro con objetivos de corto plazo. Por ejemplo, si el ahorro de corto plazo se destina a la inversión en los mercados accionarios, entonces su rentabilidad dependerá fundamentalmente de la variación de precio de las acciones correspondientes entre la compra y la venta. A largo plazo el efecto de este factor es mínimo, y el factor clave pasa a ser el flujo de efectivo generado por las acciones.

Adicionalmente, la planificación de ahorro para el largo plazo en general y el retiro en particular si bien tiene algunas similitudes, también posee una diferencia fundamental entre ellos, especialmente si es que el objetivo del ahorro a largo plazo es un gasto específico en un momento del tiempo determinado, por ejemplo un viaje. Esto es muy diferente a planificar de modo tal de disfrutar de un flujo estable de ingresos luego del fin del período de generación de ingresos en el mercado, sea a través de sueldo, utilidades empresariales u otras. La diferencia se manifiesta en la correcta medición del riesgo involucrado.

Sin embargo antes de entrar en esta distinción es importante precisar en la medida de lo posible el significado de “largo plazo”. En finanzas y economía el “largo plazo” es más bien un concepto, no un plazo específico. De hecho, lo que se entiende por largo plazo en realidad depende del contexto, entre otros factores. En finanzas y específicamente en inversiones normalmente se asocia un plazo de al menos diez años con el concepto de largo plazo, si es que no más. La razón principal de esto es que el concepto de largo plazo es uno en el cual se puede razonablemente esperar que las relaciones entre variables que surgen del análisis fundamental sean los mayores determinantes de la rentabilidad de un portafolio de inversión. La reciente crisis financiera del 2008 nos recordó que pese a lo anterior sigue siendo cierto que en este tema no existen las seguridades absolutas, ya que incluso los riesgos más extremos puede materializarse. Dicho de otra forma, es importante recordar que el plazo de la inversión no garantiza el cumplimiento de lo esperado, por ejemplo que las acciones renten por encima de la renta fija.

Hecha esa consideración preliminar, el caso del ahorro para el largo plazo, cuando éste es un momento específico en el futuro, es relativamente simple de analizar. Por ejemplo, si una persona posee $100 mil y necesita cancelar una deuda de $150 mil en diez años más, una inversión en un bono del Banco Central a diez años nominal en pesos que pague una tasa de interés de 4,14% es una inversión fundamentalmente 100% segura. Hay un detalle que es muy importante recoger. El bono a 10 años que en este ejemplo suponemos “bullet” (es decir, paga todo al vencimiento, sin pagos parciales ni de capital ni de intereses) si es que se transa en el mercado va a experimentar fluctuaciones de precio; de hecho en torno al 10% por cada punto de variación en su tasa de interés. En otras palabras el titular de este bono y de la deuda, a pesar de tener un riesgo efectivo de cero si observa sólo su activo puede inferir que su riesgo el “alto”. La razón por qué esto no es así se puede ver fácilmente ya que sus pagos están “calzados” o “hedgeados”, es decir, el bono le entrega $150 mil en el mismo momento en el cual debe cancelar esos mismos $150 mil.

Nótese también que a partir de este simple ejemplo es posible inferir que cualquier inversión de duración diferente no será de riesgo cero. Si bien esta conclusión es sencilla, es contraria al sentido común habitual de los inversionistas e incluso de los libros de finanzas, los que habitualmente consideran que la inversión segura es la renta fija del plazo más corto posible. Esto ocurre porque la medición habitual de riesgo es la variabilidad del valor actual del portafolio, lo que implícitamente supone que el pasivo es de vencimiento inmediato. De hecho, es fácil mostrar que una inversión de menor plazo sí tendrá riesgo. Por ejemplo aún si por ejemplo el inversionista pudiese invertir hoy a corto plazo a una tasa mayor, supongamos 5% a cinco años, enfrentará un riesgo de reinversión. En efecto, si la próxima inversión se hace en cinco años más y las tasas de interés de ese plazo están bajo el 3,28%, entonces esta inversión será insuficiente para pagar la deuda de $150 mil. Por ejemplo si la tasa fuese 2% la inversión llegaría hasta sólo $141 mil aproximadamente.

Una vez analizado lo anterior, pasar a considerar el problema básico del ahorro para el retiro se hace mucho más fácil. En efecto, la necesidad del retiro es básicamente una colección de bonos “bullet” ubicadas en los años en los cuales la persona no estará generando rentas, ya que el papel de la “deuda virtual” del ejemplo lo juegan las necesidades de ingreso en cada año de retiro. Por ejemplo si una persona tiene 55 años y espera retirarse a los 65, necesita un bono bullet a 11 años, otro a 12 años, etc.; hasta la edad esperada de fallecimiento. Entre otras cosas esto implica que aunque la persona esté a punto de jubilar normalmente será menos riesgoso invertir una parte significativa de sus ahorros a largo plazo, aunque la volatilidad del valor presente de tales inversiones sea preocupante para el sentido común. El tema del riesgo de sobrevida quedará para otra oportunidad.

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