María Eugenia Norambuena
Gerente General de Principal Administradora General de Fondos S.A.
El sistema de pensiones chileno, de acuerdo a diversos estudios de renombrados organismos internacionales independientes, está evaluado de manera sobresaliente, ocupando una posición destacada y de vanguardia, especialmente, en términos de tasa de reemplazo y sustentabilidad. Sin embargo, los cambios socioeconómicos y demográficos que ha enfrentado el país en las últimas décadas, han modificado algunos de los supuestos económicos y sociales sobre los cuales fue concebido el sistema. Lo anterior, hace necesario su perfeccionamiento para así satisfacer las expectativas generadas en su creación y lograr su máxima potencialidad para el beneficio de todos los chilenos.
El aumento en las expectativas de vida (4 años en las últimas 3 décadas), lagunas previsionales que hacen que hoy se esté imponiendo sólo el 53% del tiempo que se trabajó (por empleos esporádicos o poca constancia del empleador), un fuerte aumento de los ingresos en los últimos años y el aplazamiento en la edad de ingreso al mundo laboral, entre otros, dan cuenta de que el ahorro obligatorio ya no basta para financiar pensiones acordes al estándar de vida con que se contaba al momento de trabajar.
Y aunque la responsabilidad principal de planificar el ahorro y su futura pensión es del trabajador, el Estado y las empresas también tienen un importante rol que cumplir. El Estado debe cubrir -a través del pilar solidario- a aquellas personas que no tienen capacidad de ahorro y, las empresas, tienen una responsabilidad social -no siempre comprendida-, que implica ser mucho más activas en educar, motivar y apoyar a sus trabajadores en la búsqueda de alternativas que les permitan asegurar una tasa de reemplazo en el retiro cercana al 70%.
El funcionamiento del sistema de pensiones chileno ha mejorado su rendimiento a través de instrumentos de Ahorro Previsional Voluntario (Individual y Colectivo) creados en la última década. Sin embargo, a diferencia del APV Individual, el colectivo ha tenido una escasa penetración producto de la falta de incentivos adecuados dentro del sistema.
El Ahorro Previsional Voluntario Colectivo (APVC) consiste en un mecanismo mediante el cual los ahorros realizados por los trabajadores pueden ser complementados por sus empleadores con el objeto de incrementar sus futuras pensiones. Este sistema -de reconocido éxito en países como Estados Unidos – garantiza incentivos para ambas partes y permite que empleador y empleado se beneficien en una relación de largo plazo.
Para los trabajadores, los alicientes van desde recibir educación previsional, hasta facilitar el acceso a los beneficios fiscales, como el del 15% para la modalidad A. Asimismo, se trata de un incentivo concreto para mantenerse en la empresa y mejorar el desempeño, y, cuando corresponda, para retirarse sin la angustia de que la pensión no responderá a lo ejecutado en la vida laboral.
Por su parte, para la empresa, se trata de planes que permiten vesting y matching. Además, es un beneficio diferenciador y de largo plazo que permite cumplir con el principio de Responsabilidad Social Empresarial, atraer y retener talentos, renovar el capital humano y potenciar el desarrollo de carrera. Esto se suma a que los aportes realizados constituyen gasto aceptado para fines tributarios y para el empleado.
Es sabido que una empresa con empleados con una futura pensión deficiente o incierta, presenta problemas concretos como retraso en desvinculación por problema previsional, estancamiento en sucesión de cargos, disminución en la productividad y aumento en la tasa de accidentabilidad, y altos índices de rotación. Respecto a esto último, cabe destacar que Chile exhibe la mayor tasa de rotación de Latinoamérica y que los costos de esta alta movilidad se traducen en inestabilidad del equipo, disminución de la motivación y falta de foco de los trabajadores, entre otros.
Lo anterior, reafirma la importancia de que las empresas eduquen a sus empleados respecto a herramientas para mejorar su pensión, sobre todo porque está comprobado que un 60% de quienes reciben información y facilidades para esto por parte de sus empleadores, se deciden por un Plan de Ahorro y la tasa de adhesión llega a 70% si la empresa hace matching (empleador complementa aporte del empleado).
Es por eso que uno de los objetivos centrales es lograr que los empleadores visualicen los beneficios del APVC para que lo consideren un tema prioritario dentro de sus empresas y cumplan con su rol de RSE, y asimismo, crear conciencia en los empleadores y mejorar la legislación del APVC para que sea más atractiva para los empleadores.
Es de la esencia del ser humano el estar cada vez más al tanto de cómo obtener beneficios que le aseguren una cierta tranquilidad a la hora de jubilar, sobre todo cuando acceder a información actualizada ya no es un privilegio de unos pocos. Las empresas deben estar preparadas, ya que en la medida que los empleados se dan cuenta de la importancia del ahorro voluntario para la vejez, empiezan a demandar este tipo de beneficios y comparar con otras empresas que pueden ser socialmente más responsables con sus trabajadores. Y en esta lógica, un buen plan de APVC puede marcar la diferencia.