COLUMNAS DE OPINIÓN

¿Por qué la renta fija no es siempre “fija”?

Ignacio Badilla

Gerente General de RiskAmerica

Una confusión bastante común entre los inversionistas es la creencia que la llamada “renta fija” nos va a garantizar una rentabilidad cierta o predefinida durante un horizonte de tiempo determinado. Esto es rara vez el caso y en la gran mayoría de las veces, los fondos e instrumentos de renta fija tienen una rentabilidad incierta, sujeta a volatilidad y expuesta a factores de riesgo que afectan su valorización.

Antes de empezar, definamos qué se entiende por un fondo mutuo de renta fija. Son fondos que invierten principalmente en instrumentos como bonos y depósitos, cuya principal característica es que su flujo de pagos en el tiempo es conocido, sujeto a un calendario (conocido como “tabla de pagos”) que el mercado sabe de antemano (de ahí el nombre renta “fija”). Los emisores de estos instrumentos pueden ser bancos, empresas privadas o públicas e instituciones de gobierno como el Banco Central o la Tesorería General de la República.

Los instrumentos de renta fija están expuestos a ciertos riesgos que pueden afectar su precio de mercado y por lo tanto, tener un impacto en la rentabilidad de los fondos que invierten en ellos. En esta columna mencionaremos los 3 riesgos más relevantes para los inversionistas de fondos de renta fija: el riesgo de crédito, el riesgo de moneda y el riesgo de tasas de interés.

El primer riesgo (tal vez el más evidente de los tres) es cuando el emisor del instrumento no cumple con la tabla de pagos establecida originalmente. Este riesgo, denominado riesgo de crédito, se materializa cuando un emisor entra en un evento de no pago (también conocido como default), incumpliendo uno o más de los flujos comprometidos. Cuando ocurren estos eventos, el valor de mercado de los bonos cae drásticamente ya que, en la mayoría de los casos, habrá una pérdida por parte de los inversionistas debido a los siguientes escenarios posibles: el emisor renegocia su deuda con los tenedores de bonos, aplicando muchas veces una “quita” al valor de la deuda original, o bien, el emisor se declara en quiebra, en cuyo caso los tenedores obtendrán el valor de recuperación de los activos que liquide la empresa (que probablemente serán menores al valor original de la deuda debido a los costos de quiebra). Debido a este riesgo, el mercado exige a los instrumentos de emisores más riesgosos un retorno esperado mayor, que se traduce en tasas de interés (o técnicamente spreads) más altas para bonos con mayor riesgo de crédito (en otras palabras, a mayor riesgo, mayor retorno).

La segunda fuente de riesgo es el de moneda, que corresponde al riesgo que conlleva un portafolio cuando está expuesto a variaciones de los tipos de cambio que hay entre las monedas de los distintos instrumentos que lo componen. Es el caso, por ejemplo, de los fondos de renta fija que invierten en bonos extranjeros, cuyos pagos están denominados en dólares, euros, monedas latinoamericanas, etc. La rentabilidad final de estos fondos está expuesta a la volatilidad de los tipos de cambios entre las monedas de cada instrumento y la moneda en que está denominado el fondo (normalmente pesos o dólares). Otro caso muy relevante para los fondos mutuos de renta fija en Chile es la posibilidad de invertir en instrumentos denominados en UF, que actúa como una moneda que nos ofrece una rentabilidad indexada a la inflación de la economía chilena. La decisión de elegir un fondo con una mayor exposición a la UF depende principalmente de si me interesa estar mejor protegido contra una mayor inflación futura (la cual es incierta y por lo tanto tiene una mayor volatilidad en su rentabilidad final). Al contrario, si prefiero obtener una rentabilidad más “segura” de antemano (menos volátil), debemos elegir fondos con mayor cantidad de instrumentos en pesos.

La última fuente de riesgo que repasamos en esta oportunidad es el denominado riesgo de tasa de interés. Lo primero que debemos saber es que para calcular el precio de un instrumento de renta fija en una fecha determinada, se deben descontar los flujos futuros de la tabla de pagos del instrumento a las tasas de interés relevantes (del mismo nivel de riesgo) imperantes en el mercado para esa fecha. Esto implica que el precio de un bono no tiene una trayectoria fija desde su emisión a su vencimiento, si no que oscila dependiendo de las tasas de mercado. Si las tasas de mercado suben, el precio del bono cae y viceversa. Además, mientras más “largo” es el plazo del bono (técnicamente, una mayor duración), el efecto en el precio se amplifica. Esto implica que en general, mientras mayor es la duración promedio de un fondo, mayor es la volatilidad de su cuota, debido a que las variaciones de las tasas de mercado impactan en mayor medida su valorización. Por otra parte, esta mayor volatilidad se compensa normalmente porque las tasas de largo plazo son generalmente más altas que las tasas de corto plazo, por lo que los fondos largos recompensan su mayor volatilidad con una rentabilidad esperada más alta (nuevamente, a mayor riesgo, mayor retorno).

En resumen, los fondos mutuos de renta fija, están expuestos a factores de riesgo que afectan su valor cuota, por lo que su rentabilidad no es fija ni libre de riesgo. Aunque normalmente la volatilidad de los fondos de renta fija es menor a la de otro tipo de fondos (como por ejemplo los de renta variable), es importante conocer bien los riesgos para elegir el tipo de fondo que mejor refleja el perfil de riesgo de cada inversionista.

 

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